En Residencia Las Mimosas, hemos tenido la fortuna de poder contar con la presencia del Sr. Arzobispo de Zaragoza Don Vicente Jiménez Zamora y el Sr. Vicario Don Sergio Alentorán Baeta y José Abel González Jaramillo, párroco de las parroquias de Plasencia, de Jalón, Bardallur y Urrea de jalón.

Fueron unos momentos de enorme alegría, ya que cada residente fue presentado y saludado por el Sr. Arzobispo, interesándose por su estado y su procedencia. Se leyó un mensaje de bienvenida que había escrito una de nuestras residentes y de este modo fueron transcurriendo unos minutos llenos de cariño, cordialidad y sincera amistad. La lectura de las bienaventuranzas que el Sr. Arzobispo nos leyó preparadas para la ocasión era emocionante, verles la cara a todos ellos, escuchando con toda la atención.

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Posteriormente nuestra Capilla fue bendecida ¡por fín!, algo que durante muchísimos años hemos deseado que se produjera. Esta Capilla tiene el honor de haber sido dotada de imágenes sobre todo de donaciones. Con inmenso cariño y a lo largo de los años, muchas personas han aportado algún objeto de carácter religioso para contribuir en su decoración. Algunos de ellos nos traen recuerdos impagables.

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Después les hicimos entrega de un obsequio preparado para el momento que recibieron con mucho agrado como muestra de agradecimiento desde el corazón al Sr Arzobispo y acompañantes junto a un mensaje muy especial: “Este Rosario es una pequeña muestra de nuestro agradecimiento por su visita, hecho para nosotros extraordinario, con el ruego de que siempre nos tengan en sus oraciones para que esta Residencia sea siempre ejemplo de Amor, generosidad y profesionalidad en el Servicio hacia las personas mayores y para todo aquel que necesita ser cuidado.” ¡Nunca olvidaremos esta visita ni este día!

La directora en nombre de todo el personal de Residencia Las Mimosas,

Pilar Acero
Urrea de Jalón 08 noviembre 2017

A continuación y para finalizar, el texto que leyó el Sr. Arzobispo en su visita:

Las bienaventuranzas de las personas mayores

Son ocho bienaventuranzas no sólo para las personas mayores, sino también para quienes queremos acercarnos con respeto y amor, con estima y con cariño,  a los venerables mayores.

  • Bienaventurados los que me hacen sentir que soy amado, que soy útil todavía y que no estoy solo.
  • Bienaventurados los que llenan la última etapa de mi vida con cariño y comprensión.
  • Bienaventurados los que atienden mi paso vacilante y temblorosa mano.
  • Bienaventurados los que tienen en cuenta que ya mis oídos tienen que esforzarse para captar lo que hablan.
  • Bienaventurados los que se dan cuenta de que mis ojos están nublados y de que mis reacciones son lentas.
  • Bienaventurados los que desvían la mirada con disimulo al ver que he derramado el café en la mesa.
  • Bienaventurados los que con una sonrisa me conceden un rato de su tiempo para charlar.
  • Bienaventurados los que nunca dicen: ya me han contado eso dos veces.

Acción de gracias por mi amigo el bastón

Yo doy gracias a Dios por mi amigo el bastón.

Es el amigo fiel que tengo. Lo uso cuando lo necesito y siempre lo encuentro dispuesto a apoyarme. Lo olvido en cualquier rincón, y al encontrarlo de nuevo, continúa apoyándome sin guardar resentimiento.

Mi bastón es testigo de momentos muy íntimos en mi vida. Me acompaña a comer, está cerca de mí en la oración, en la alabanza divina, ahí está de pie, recordándome la postura que debo tener de vigilancia y rectitud hacia Dios. Gracias a mi bastón puedo acercarme a recibir la comunión eucarística.

Me asombra la sumisión y fidelidad del bastón. A este buen amigo se le puede poner a la medida que se necesite; se le puede subir o bajar como convenga, se le puede coger por donde y como se quiera, y siempre permanece fiel.

Sólo tiene como misión el servir de apoyo, el ayudar a caminar con seguridad, el acompañar sin hacer ruido. Nunca se ha escrito nada sobre un bastón, pero cuántas lecciones nos da a los seres humanos. Si mi bastón pudiera hacer oración, creo que sería así:

  • Gracias, Señor, por ser una ayuda para muchos caminantes enfermos o ancianos.
  • Gracias por los ratos que descanso en el rincón, esperando que alguien me necesite de nuevo
  • Gracias por mi misión de acompañar, de ser descanso y apoyo para los demás.
  • Gracias por ser manejable, por no ser carga inútil, por ser dócil y por no molestarme cuando me olvidan.