El duelo es una respuesta emocional ante la pérdida  de un ser querido, no sólo la persona sino también lo que representaba para nosotros. Perdemos el contacto físico, el afecto que recibíamos o los planes de futuro. Es un proceso que viven todas las personas que han perdido a alguien.

Como consecuencia se experimenta una respuesta emocional vivida y expresada, una interrupción de las rutinas, de las actividades cotidianas, de las costumbres, de la propia vida.

 ¿Cómo se expresa el duelo?

Teniendo en cuenta las diferencias individuales y las distintas circunstancias personales, podemos explicar los síntomas más comunes del duelo.

  • Físicos. Llanto, falta de energía, alteraciones del sueño, mayor riesgo de enfermar, falta de apetito y disminución de peso, hipersensibilidad a ruidos, inapetencia sexual, en ocasiones un aumento del consumo de sustancias adictivas, etc.
  • Psicológicos. Incredulidad, confusión, desinterés, pérdida de ilusión, añoranza, extrañeza ante el mundo habitual, abandono, soledad, rabia, ansiedad, culpa, miedo, etc.
  • Sociales. Resentimiento ante la realidad social (todo sigue igual como si nada hubiera pasado), sentimiento de no pertenencia al grupo, elaboración de una nueva identidad, etc.

 ¿Cuáles son las fases del duelo?

Las fases del duelo varían de una persona a otra. No son estáticas. Cada uno reaccionamos de diferente manera ante la muerte. Por nuestras circunstancias y nuestra forma de afrontar las situaciones, por multitud de factores. Aún así, se han especificado ciertas fases para poder entender cómo gestionamos este proceso:

Fase 1. Desconcierto. Es una fase breve, que puede durar desde horas hasta varios días y en la que se sufre un shock de irrealidad. Se caracteriza por la negación (no puede ser, no es posible).

Fase 2. Tristeza profunda y anhelo de búsqueda. Es una época de dolor intenso acompañados de otras emociones como ira, culpa, miedo, etc.

Fase 3. Desorganización-desesperación. Se siente apatía, desinterés, soledad, tristeza, falta de objetivos…

Fase 4. Reorganización-recuperación. Poco a poco aparece una adaptación a la realidad, nuevos objetivos, nuevas relaciones, aunque nunca se vuelve al estado anterior a la pérdida. Es cierto que hay un antes y un después.

Una resolución adecuada del duelo implica que el recuerdo del ser querido produce una inevitable tristeza (ya no una experiencia dolorosa), y una buena adaptación a la vida cotidiana. Implica aprender a decir adiós.